Plaza de Mío Cid

Inicio del quinto paseo literario


external image 10276343.953935dc.240.jpgCuando los chavales del barrio llegamos ante la fachada del Teatro Principal, las puertas estaban cerradas. No había carteles que anunciaran la función ni largas hileras de burgaleses esperando para disfrutar del espectáculo. Ante nosotros había un viejo caserón que irradiaba magnetismo por todas sus piedras. De su silenciosa majestuosidad se traslucía el siglo de gloria que ya llevaba a sus espaldas... pero algo en él estaba muerto. ¿Quizá el corazón? Creo que sí. La noble estructura quiso y pudo soportar todas las chanzas y tumultos, alegrías y tragedias que sus paredes encerraron, pero no pudo sobreponerse al rápido abandono, al olvido de aquellos que antaño se disputaban el derecho a penetrar entre sus muros...

Carlos de la Sierra, Los santos días del pasado


external image 10276344.305007a7.560.jpgMio Cid


Parece que te vas en ruta alada
a revivir tu gesta nuevamente.
¡A galope!, tu voz grita impaciente
hundiendo en el azul la invicta espada.

Se agranda el horizonte a tu mirada
al cruzar con Babieca con la puente,
y ciñes el honor sobre la frente
de esta tierra que cruje a tu pisada.

Y llevas los mejores de Castilla
y el beso de Jimena en la mejilla,
pues amor con valor todo lo alcanza.

Y mientras en la lid tu ardor se empeña,
después de ahogar tu pena en el Arlanza,
te lloran las campanas de Cardeña.

Federico Salvador Puy, En la tierra burgalesa

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