Iglesia de San Nicolás de Bari

external image 10325102.76d37a91.240.jpgNovena etapa de la segunda ruta literaria

Su fábrica es el remate,
plaza, fuente y escalera,
de este mineral paisaje.

Templo de San Nicolás
retablo de orfebrería
con la piedra por metal.

Antonio L. Bouza, Burgos final de milenio

external image 10325101.c4a84b7f.240.jpgPasó por delante de la iglesia de San Nicolás y entró. Meditó, como tantas veces, sobre el tránsito al otro lado, y sobre la infinita misericordia y la infinita justicia, frente a la radiante tabla del Juicio Final, la Majestad de Dios premiando a los justos y condenando a los pecadores. Y contempló, una vez más, sobrecogido por la perfección y la belleza, las 450 figuras que decoran en alabastro policromado el maravilloso retablo de Simón y Francisco de Colonia. [...]
No había nadie y se sentaron en un banco. Un rayo de sol entraba ya por el rosetón de poniente e iluminaba el centro del retablo con la figura del santo. Permanecieron en silencio durante largo tiempo. No hacía falta rezar. El alma, lo que es intangible, lo que no muere porque es de Dios, se desprende del cuerpo y se diluye en un sentimiento de paz y de aceptación. Se acerca uno al conocimiento aunque sólo sea para admitir la incógnita inescrutable de la vida. Nadie se movía. Peter Ramos dejó caer su mano y cogió la de Elisa Cueto que lo miró y bajó los ojos. Braulio Casado habría dicho que pasó un ángel...
Fue Miguel Azofra el que se levantó y dijo que había que marcharse. Bajaron en silencio hacia la catedral. Peter Ramos habló el primero.
—Señor Azofra, hacía mucho tiempo que no experimentaba una sensación como ésta, tal vez porque hacía mucho tiempo que no miraba hacia dentro de mí mismo. Creo que nunca olvidaré esa luz que atravesaba el aire y convertía el alabastro en una idea de Dios.

Antonio J. Fournier, El juez y la joven muerta

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