Iglesia de San Cosme y San Damián

Sexta etapa del tercer paseo literario

external image 10330964.3aa3a447.240.jpgA menudo, en aquellas tardes de colegio que se consumían con monótona desesperación, se celebraba un funeral en la iglesia de San Cosme. Una campana lastimera, que parecía la expresión musical del tedio de la clase, anunciaba el oficio corpore insepulto. Desde su pupitre, Tomás imaginaba a los deudos sentados en los primeros bancos de la nave central, al cura vestido con la casulla negra, a los monaguillos cerrando las pesadas puertas del templo... Cuando la ceremonia terminaba, los asistentes salían a la calle y rodeaban en silencio el coche fúnebre. El sacerdote entonaba el último responso, y la comitiva se ponía en marcha con un sordo bisbiseo de pasos.

Jesús Carazo, El soñador furtivo

external image 10330962.4fd08b09.500.jpgEstá ya viejo y torpe,
que como viejo teje sus achaques
el reloj de la iglesia de San Cosme.

¿Influye el sol en él durante el día,
y la luna, de noche?
¿Se adelanta o se atrasa, según sea
el viento dominante sur o norte?

Aunque anda —paradoja
de reloj— siempre está quieto en la torre.
Pero nunca da más de lo que puede,
que hay en viejos achaques de muy hombres.

Al fin, como del barrio
chamarilero, la chatarra esconde.
No da los cuartos, tiembla al dar las horas,
que en la hora de dar son los temblores;
mas ni por un descuido da las trece,
aunque le dé por repetir las doce.
¡Oh lindo achaque de sesudo viejo,
si hay achaques de viejos en relojes!

Bonifacio Zamora, Temas y paisajes

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